Girar en la Redención

Imagen de Mariu

 

Nuestra cruz sufrida en la Voluntad de
  Dios se hace tan grande como la de Jesús. 

 

Encontrándome en mi habitual estado, mi siempre adorable Jesús se hacía ver en el momento de tomar la cruz para ponerla sobre su santísimo hombro y me ha dicho:
“Hija mía, cuando recibí la cruz la miré de arriba a abajo para ver el lugar que tomaba en mi cruz cada alma, y entre tantas, miré con más amor y puse atención especial a aquellas que habrían estado resignadas y habrían hecho vida en mi Voluntad, las miré y vi su cruz ancha y larga como la mía, porque mi Voluntad suplía a lo que a su cruz le faltaba, y la alargaba y ensanchaba como la mía.

¡Oh! cómo sobresalía tu cruz larga, larga por tantos años de cama sufrida sólo para cumplir mi Voluntad. La mía era sólo para cumplir la Voluntad de mi Padre celestial, la tuya para cumplir la mía; una hacía honor a la otra, y como una y otra contenían la misma medida se confundían juntas.


Ahora, mi Voluntad tiene la virtud de ablandar la dureza, de endulzar la amargura, de alargar y ensanchar las cosas pequeñas; por eso cuando sentí la cruz sobre mi hombro, sentí también la suavidad y la dulzura de la cruz de las almas que habrían sufrido en mi Querer, ¡ah! mi corazón tuvo un respiro de alivio, y la suavidad de las cruces de ellas hizo adaptar la cruz sobre mi hombro, y se hundió tanto que me hizo una llaga profunda, y si bien me dio un dolor acerbo, sentía al mismo tiempo la suavidad y la dulzura de las almas que habrían sufrido en mi Querer.

Y como mi Voluntad es eterna, su sufrir, sus reparaciones, sus actos, corrían en cada gota de mi sangre, corrían en cada llaga, en cada ofensa; mi Querer las hacía encontrarse como presentes a las ofensas pasadas, desde que el primer hombre pecó; a las presentes y a las futuras; eran propiamente ellas las que me daban nuevamente los derechos de mi Querer, y Yo, por amor de ellas decretaba la Redención, y si los demás toman parte de Ella, es por causa de estas que pueden hacerlo. No hay bien que Yo conceda, ni en el Cielo ni en la tierra, que no sea por causa de ellas.”

Volumen 14  Febrero 24 1922

 

Por lo que Jesús nos enseña, cuando toque a nuestra vida cualquier tipo de dolor, llamemos a la Divina Voluntad para que venga a ser la Vida, el Acto, la hacedora, la multiplicadora de ese sufrimiento, de tal manera que nuestros sufrimientos corran en los de Jesús, y abracen los de las criaturas y haciéndose uno sólo, todos pidan el Reino de la Divina Voluntad sobre la tierra... Y además nuestros dolores hagan en acto compañía Divina a la pasión del Señor...
Cuando sufrimos en la Divina Voluntad, aparecemos realmente en la pasión del Señor y nos hacemos su consuelo y correspondencia en el mismo momento en que el cargaba la cruz, o se abrían sus llagas o corría su Sangre... En todo se hace realmente presente el alma que vive en su Voluntad, porque no hay tiempo para los actos hechos en el Divino Querer...
Así que si obramos, u oramos, o padecemos, en todo llamemos a este Querer Santo...

Padre Alfonso...

 


Ven Divina Voluntad a este sufrimiento nuestro...

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